La importancia de una buena dieta para la salud

El mantenimiento de una dieta equilibrada constituye una necesidad a cualquier edad, pero mucho más en el caso de las personas mayores. Se trata de una cuestión con evidentes implicaciones en la salud y a la que debemos prestar la atención oportuna.

El concepto de dieta se relaciona con el cuadro de alimentos que se consumen de manera cotidiana. Tiene una importancia capital en la trayectoria de las personas, puesto que afecta a la realización de sus actividades diarias
y, en general, a su calidad de vida. Una dieta correcta, por ejemplo, puede evitar determinadas enfermedades.

Nuestro organismo requiere una serie de sustancias para poder realizar correctamente sus funciones. En el caso de las personas mayores, el mantenimiento y la reparación tienen una especial relevancia. Estas sustancias, denominadas nutrientes, se obtienen principalmente a través de la alimentación y las clasificamos en grasas, carbohidratos, vitaminas, proteínas y minerales.

La proporción de nutrientes que una persona necesita se mantiene relativamente estable durante el transcurso de su vida. Sin embargo, varía la cantidad, puesto que las necesidades energéticas se reducen paulatinamente y un mantenimiento de la ingestión de calorías de anteriores etapas vitales supondría problemas de obesidad, entre
otros.

En este sentido, la dieta juega un papel decisivo y para su configuración idónea hemos de tener en cuenta determinadas circunstancias vitales. Estos aspectos son decisivos en las personas mayores. Principalmente, influirán, además de la edad, factores como las enfermedades, la medicación, el género o la realización de ejercicio. Esta última dinámica resulta fundamental para llevar una vida sana, por lo que recomendamos a los mayores que hagáis ejercicio físico moderado durante media hora al día. Por otra parte, esta etapa vital suele asociarse a determinados riesgos, tales como los problemas de visión, la soledad o la polimedicación.

En la desnutrición de las personas mayores intervienen razones de tipo social, pero también relacionadas con los cambios biológicos que experimenta nuestro organismo conforme envejecemos. Estos inconvenientes pueden llevar a que la dieta se resienta, de manera que una incorrecta ingestión de nutrientes tendrá consecuencias
perjudiciales para la salud. En consecuencia, la carencia de nutrientes empeora gravemente el pronóstico de enfermedades crónicas como la hipertensión, la osteoporosis, las insuficiencias renales o la diabetes.

Por lo que respecta a los nutrientes, cada uno contribuye a mantener funciones básicas en nuestro cuerpo. Las vitaminas son fundamentales para el funcionamiento del organismo y únicamente se obtienen a través de la alimentación o con suplementos de medicación. El agua se revela como indispensable para determinadas reacciones químicas y físicas. Las proteínas están presentes en la composición de músculos, órganos, nervios o piel. Los minerales, por su parte, son necesarios para determinados mecanismos esenciales. Los hidratos de carbono constituyen la principal fuente de energía del cuerpo humano y, por último, los lípidos, extraídos de las
grasas, mejoran el estado de las membranas celulares.

Por otro lado, el consumo medio de energía estipulado para una persona anciana oscila entre 1.850 y 2.200 kilocalorías. Pese a que se reduce la masa muscular, se incrementa la necesidad de proteínas en vísceras como
los intestinos y el hígado. Entre las proteínas, se requiere ingerir especialmente aminoácidos esenciales, es decir, los que nuestro organismo no puede sintetizar. Las grasas poliinsaturadas son más beneficiosas que las de origen animal, siempre intentando una reducción general de su ingestión, debido a sus menores necesidades energéticas. Un anciano tiene que disminuir el consumo de hidratos de carbono, aunque superando la mitad de los nutrientes requeridos. No deben escatimar el consumo de agua hasta alrededor de dos litros diarios, para que el metabolismo funcione adecuadamente. Ante las complicaciones sobrevenidas en la absorción de minerales, se aconseja incrementar su ingestión diaria. Asimismo, las enfermedades pueden dificultar el aprovechamiento de las vitaminas presentes en la dieta normal, por lo que cabe la posibilidad de recurrir a complementos médicos para suplir estas carencias.

La conjunción de estos requerimientos y el análisis de las circunstancias personales definirán la dieta ideal de cada persona mayor. Su carácter equilibrado, con variedad de nutrientes, y las cualidades de sabor y presentación ayudarán a configurar una dieta beneficiosa. Además, han de considerarse aspectos como la textura, por los problemas bucodentales y de deglución de los ancianos. Las condiciones sociales, ligadas a la dificultad para preparar las comidas en soledad, y la monotonía y déficit de alimentos también afectan a estos procesos.

Dieta y Salud - Ensalada

Finalmente, esta información facilitará la planificación de la dieta idónea. En primer lugar, y aunque hay discrepancias al respecto de cuantas comidas debemos realizar al día, se aconsejará la realización de cuatro o cinco raciones diarias para evitar los atracones. Interesa, por consiguiente, saciarse de manera más progresiva. El equilibrio se logrará, básicamente, a partir del consumo de fruta, verdura, lácteos, proteínas y harinas. Además, se les aconseja reducir drásticamente alcohol, sal y productos refinados. En definitiva, una dieta saludable para las personas mayores se basa en que coman un poco de todo lo necesario tomando una serie de precauciones adicionales.

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